Cada gota de agua es un milagro: lleva consigo la memoria de todo lo que ha tocado. El agua, de la que depende íntimamente toda forma de vida –incluida la nuestra–, sigue siendo un gran misterio. Entre esos enigmas están los copos de nieve, de los que se dice que no hay dos iguales. Al menos es la suposición general, ya que no puede demostrarse.
Según el investigador japonés Masaru Emoto, el agua tendría memoria y podría verse influida por diversos factores externos. Uno de ellos es el sonido. La música armoniosa –como la mayor parte de la de Mozart– o palabras positivas como amor y alegría, supuestamente transforman los cristales de agua en bellas estructuras, como la que se esconde en una gota. En cambio, la música dura y caótica o los insultos deforman el agua en microestructuras irregulares.
En sus experimentos, Emoto mostró que el agua responde a nuestros pensamientos, palabras, emociones y a la música. La gota sobre la superficie nos recuerda nuestra propia perfección: que no estamos separados unos de otros; somos como vasos comunicantes. Nuestros actos, la alegría y el dolor son creativos y dejan huellas.
La memoria del agua es frágil, pero inmensamente poderosa. Por ello merece respeto y protección. El agua es más que una fuente de bebida: es el libro vivo de la Tierra, donde se inscriben las historias de la humanidad y de la naturaleza. Por eso deberíamos volver a valorarla y protegerla.
Que esta escultura de la gota nos recuerde que cada gesto tiene su eco.
Érase una vez, en la ciudad de Trenčín, un niño que crecía tan deprisa que la gente pensaba que el sol le daba un fertilizante especial. Un día talló un palo de hockey de un árbol mágico, tan largo que hasta los pertiguistas lo envidiaban.
Sobre el hielo volaba como un dragón, y cuando lanzaba el puck, hasta los pastores de los Tatras se ponían en alerta, pensando que tronaba –aunque el cielo estuviera despejado. Sus compañeros tenían que alcanzarle el casco desde una escalera; de otro modo, no llegaba a su cabeza. Y cuando ganó la Stanley Cup, tuvieron que hacer una versión extra grande para que al menos pudiera mojar los dedos, y no solo el meñique.
Zdeno Chára sigue ostentando el récord del jugador más alto de la NHL y el del disparo más potente del mundo –175 km/h. Convirtió su altura –al principio una desventaja– en su mayor ventaja.
Gracias a una perspectiva más amplia del mundo, logró destacar y se convirtió en una leyenda del hockey.
Esta célebre obra de arquitectura del taller de Gustave Eiffel data de 1884. Fue diseñada por dos ingenieros –Koechlin y Nouguier– que trabajaban en la empresa Eiffel, con motivo de la Exposición Universal celebrada por el aniversario de la Revolución Francesa.
En su época fue la estructura más alta del mundo y un ensayo de la técnica moderna. Se logró construir en solo 2 años y 2 meses.
A la Torre Eiffel la rodean muchas historias. En la década de 1920, el estafador Victor Lustig se hizo pasar por funcionario y convenció a comerciantes de metal de que la torre iba a desmontarse. Incluso cobró un anticipo y desapareció. Se dice que repitió la estafa una segunda vez.
El apartamento secreto en la cima. Durante mucho tiempo se dijo que Eiffel tenía un lujoso apartamento en la cumbre, con vistas a todo París. La verdad es que la sala existía, pero era pequeña, espartana y se usaba más bien para reuniones de trabajo con científicos.
Esta obra sigue siendo un símbolo elegante y atractivo de París: merece la pena visitarla.
En tiempos antiguos, cuando el mundo estaba lleno de dragones, vivía un pequeño vikingo llamado Hipo. En comparación con sus pares era más pequeño y delgado, pero utilizaba mucho más la cabeza.
En un enfrentamiento entre vikingos y dragones, usó su invento y atrapó a un dragón en una red. Sin embargo, cuando volvió a encontrárselo, en lugar de matarlo lo liberó. Desdentado tenía la cola herida y no podía volar. Hipo le fabricó una nueva –un artilugio que el dragón no podía controlar por sí mismo. Su anhelo de libertad y de vuelo los unió. Con Hipo sobre su lomo, como capitán de un avión, lograron despegar.
Se hicieron amigos y vivieron muchas aventuras. Su amistad cambió también a los vikingos: de cazadores de dragones pasaron a ser sus protectores. Pero el afán de cazarlos seguía vivo en otros tiranos. Por eso Hipo ayudó a Desdentado a encontrar un refugio secreto donde los dragones pudieran vivir en paz.
La humanidad aún no estaba preparada para la naturaleza pacífica de los dragones, y al final tuvieron que separarse. A veces, la verdadera amistad significa también saber dejar ir a quien amamos, si es por su bien.
Esta pareja de baile poco convencional comprendió por fin que no tenía por qué quedarse de pie como estatuas de sal. Decidieron lanzarse de verdad al baile.
Con un sombrerito en forma de media flor, la señora Lámpara se entrega al señor Lámpara, quien –con el sombrero de la flor opuesta– la mira a los ojos. Su apasionado baile de Júpiter y Venus es un placer de contemplar.
Invita hoy a tu pareja a bailar; quizá ilumines el cielo y alegres las estrellas de sus ojos.
En muchos lagos alpinos (Popradské, Veľké Hincovo) se dice que viven hadas. A pastores y mozos se les aparecían como hermosas doncellas. Ayudaban a la gente buena y rehuían a los malvados.
Hace mucho, cuando los Tatras no eran tan ruidosos, pastores y jóvenes de las aldeas bajo las montañas subían a las alturas. El lugar más hermoso para descansar era junto a un gran lago que relucía bajo las cumbres como espejo del cielo. La gente lo llamaba el Lago del Amor. Se sabía que en sus profundidades vivían hadas: seres delicados, con cabellos plateados como la luz de la luna y sonrisas dulces como la miel. Bailaban y se divertían en sus orillas, pero solo se mostraban a quien llegaba con el corazón puro y la alegría dentro. Tenían el don de mostrar el futuro.
Quien se atrevía a mirar en el agua oscura veía la imagen de su gran amor. A menudo un mozo veía el rostro de una muchacha a la que aún no conocía –y al cabo de un tiempo entraba en su vida. Las muchachas, a su vez, veían a valientes jóvenes, a los que luego reconocían incluso con los ojos vendados. Pero el lago tenía también un rostro severo. Si se acercaba un mentiroso, un ladrón o alguien que solo jugaba con los sentimientos ajenos, el reflejo mostraba una oscuridad infinita –con un mensaje. Reflejaba sus rasgos y a la vez le daba la oportunidad de cambiar.
Quien quisiera purificar su corazón debía permanecer tres días y tres noches sin comida junto al lago –en silencio y con un gran anhelo de conocimiento. Tal persona podía oír la música sanadora de las esferas superiores, que disolvía el velo de la ignorancia y le recordaba que la felicidad está dentro de uno.
Se decía que cada mañana y cada tarde una de las hadas más nobles tocaba una caracola: el hada Ajsen. Con su melodía cálida, uno se quedaba sentado en mudo asombro, inmóvil, como si el tiempo se detuviera. Al entregarse a su música, las opiniones y cualidades endurecidas se ablandaban. Tras tal purificación, siempre quedaba claro con qué llenar de nuevo la vida para escapar al destino.
La bondad atrae a la bondad. El mal siempre se vuelve contra sí mismo.